/ Cultura - Educación, salud pública
¿Qué posición hace falta?
  ¿Con qué alma debe tratar a los alumnos el educador?



  A esta pregunta, Om Su Ryon, instructora del Palacio de Escolares y Niños de Mangyongdae, responde:
  "El maestro debe tener naturalmente la concepción de considerar a sus discípulos como sus hijos.
  Pienso que es factible formarlos bien sólo cuando los ama y hace cuanto pueda como los padres siempre cuidadosos."
  Ella se encargó en 2006 del círculo de instrumentos de percusión del palacio.
  Según dijo ella, al descubrir la excepcional sensibilidad al ritmo del primer niño discípulo, ella se alegró mucho de la posibilidad de formar a un talento al inicio de sus labores.
  Pero, ello no fue fácil.
  A veces se desanimaba.
  En aquel entonces recordó su propia niñez.
  Ella misma hizo florecer plenamente su dote en el mismo palacio, sin pagar ni un centavo. El moderno y lujoso establecimiento, ciento y decenas de salas de círculos y las funciones de gala por acogida de año nuevo...
  De veras, el Palacio de Escolares y Niños de Mangyongdae le traía un recuerdo precioso y hermoso.
  Por eso, después de terminado el curso universitario, ella se hizo educadora de esta institución.
  Ella redobló el ánimo.
  Estudió con afán materiales del mundo pasando noches en vela y acudió a ver a especialistas de renombre de la rama de educación artística, para aprender mejores métodos didácticos.
  En esos días, pudo crear su propio método de enseñanza y lograr éxito.
  Aquel primer discípulo a quien ella no olvida, es hoy el concertista de la banda musical de fama nacional.
  Este año, su otro discípulo ocupó el primer lugar en un concurso nacional.
  También, a base de las experiencias adquiridas, ella publicó un artículo referente al contenido y método de instrucción extraescolar de los instrumentos de percusión para elevar la capacidad de aplicación rítmica de los escolares.





  Ella estableció profunda relación con este palacio durante 27 años; 10 como miembro de círculo y el resto como instructora.
  "Cada vez que entro en este palacio que acoge con dos brazos abiertos a los niños y donde pasé la preciada época escolar, renuevo la decisión de hacer que llegue igualmente a los escolares el amor de que disfruté aquí. Pienso que no habrá mayor orgullo que formarlos como magníficos talentos."
  Los miembros del círculo ven en ella a una instructora rigurosa y a la vez a la "madre" entusiasta.