Novela corta "3 años, 30 años" (12)
Cambié de la decisión al día siguiente. Me propuse desistir de la tontería de enseñar a pintar a Sol Mi y dedicar el plazo restante de las vacaciones a fines más provechosos.Francamente dicho, mi idea de dedicarme a la enseñanza primaria después de la carrera universitaria se iba desvaneciendo, aunque no se sabía desde cuando, como las bellotas que caían una por una del saco rasgado del oso pinto de la fábula. Ya no. Caían a chorros.
¿Si no fuera yo, no habrá otro más quien ocuparse de la educación? Haré algo más orgulloso y grande y viviré la vida para que mis huellas se queden grabadas en la memoria de la gente, cuando yo eche la mirada retrospectiva...
Me llamaron por teléfono primero Chol Myong y luego Sol Mi. Al principio me excusé varias veces con razones del mal estado de mi salud y apagué finalmente hasta el celular.
Días después, Sol Mi vino a mi casa en compañía de Han Chol Myong. Los recibí con sosiego. Menos mal mi madre estaba ausente en la casa.
"Compañero Jun Min, ¿qué es esto? ¿Qué dirían otros al ver a ti rendirte antes que nadie, siendo un desmovilizado?"
Me atacó con tono irrefutable desde el comienzo. Puesto que lo proveía ya, la oí con paciencia y le pregunté tranquilamente.
"Déjame preguntarte una cosa. Démonos por hecho establecido el logro de la clase de sobresalientes, aunque sea dudoso. ¿De qué vale ello? ¿Para esparcir el rumor?"
Por lo visto, esa pregunta le extrañó tanto a Sol Mi que parpadeó un rato los ojos redondos y por fin abrió la boca.
"Para... Todos nosotros debemos trabajar como maestro."
La respuesta era también extraña. ¿Acaso no es capaz de ser maestro sin sacar las notas de sobresaliente?
Como si dedujera lo que pensaba yo, Sol Mi continuó.
"Desde luego, podrá enseñar a los niños aunque no sea sobresaliente. Pero, ¿no sabes que a causa de tal educador, se echará sombra sobre el futuro de la patria?"
Se parecía citar una frase del informe de una asamblea general de la organización juvenil de base. Claro que ella tenía razón. Pero, ¿qué y cuánta sombra echaría sobre aquel porvenir el maestro de la escuela primaria cuyo rostro se recuerda a duras penas por la gente?
"¡Ah! te pones cada vez más seria. Acaso te fastidias por alguna sombra que proyectó tu maestra de la escuela primaria, ¿no?"
Yo le dirigí la pregunta no deseada, porque quería averiguarlo desde mucho antes. Se puso pálida la cara de Sol Mi.
Se interrumpieron hasta sus palabras fluidas.
¿Por qué no responde que no? Es una vileza encontrar la causa de su inmadurez en su maestro.
"Tu maestra..."
Esforzándome para bajar la voz cuanto pudiese, mencioné difícilmente lo que tenía oculto en mis adentros.
"Parece que faltaba mucho."
Sol Mi exhaló un suspiro.
"Dejemos de hablar con este tema. Si estuviéramos estudiando en otro instituto superior, tal vez no haya ni siquiera necesidad de hacerlo. No obstante, para que tanto yo, como Chol Myong y otros no seamos como..."
Sol Mi no pudo terminar la palabra, porque al levantarme bruscamente la silla cayó de espalda.
Asustado por su ruido estrepitoso, Han Chol Myong que estaba en el cuarto contiguo, entró corriendo con una manzana en la mano.
Intentando calmarme a duras penas, me acerqué un paso más a ella.
"Justamente. Es una lección, por cierto. Esa maestra tuya cometió error sin duda alguna. No voy a ser como ella, conque no te metas en mis asuntos."
Sol Mi no habrá entendido por qué yo estaba excitado tanto. Su cara y ojos redondos quedaron petrificados por la duda.
Reinó el silencio un rato. En la habitación resonó sólo el tictac del segundero del reloj de mesa. Incluso se oyó hasta el sonido de cuando se tragaba algo en la garganta de Han Chol Myong.
Por fin, Sol Mi abrió la boca.
"Deseo que no faltes mañana."
Era la muchacha realmente obstinada. Sonreí con amargura.
"¿Para qué? ¡Ah! Por poco olvido una cosa. Traté de reproducir la imagen de la maestra que se desaparece de tu memoria. Deseo que lo aceptes como un recuerdo de mi anodina lección de bellas artes..."
Saqué una hoja del álbum de pinturas y la extendí a ella.
Mira, muchacha, a la imagen de mi madre, y quizás pueda ser tu maestra del pasado, que se siente culpable de lo mucho que te había dedicado...
En vez de Sol Mi, Han Chol Myong la recibió de mi mano. Ella se levantó riéndose, al parecer por la seña de ojos que le hizo el último.
"Entonces, me voy. Pero, volveré mañana. Es lógico venir quien desea aprender."
Me quedé aturdido. Esta chica se parecía a la pelota de goma que rebotaba del suelo con tal fuerza que se le asestaba.
Sin contener el enfado, acabé por escupir lo que no debía decir, a ella que se marchaba.
"No deseo tomarte por discípula para no arrepentirme como alguien. ¡Nunca!"
Sol Mi, que se acercaba a la puerta, se detuvo un rato sobresaltada, pero salió por fin afuera.
Seguramente habría sentido un impacto. Pero, se dejaría de ser Sol Mi si su cara se ruborice o se humedezcan sus ojos como otras jovencitas.
"Oye, ¿te has vuelto loco?"
Tras darme un ligero puñetazo a mi hombro, Han Chol Myong siguió a Sol Mi.
De veras, parecía que yo estaba fuera de mí mismo.