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Novela corta "3 años, 30 años" (14)
  "Ese día, el estimado Comandante Supremo Kim Jong Un animó a las militares diciendo que ellas se enfrentaron bien a la situación improvista, aunque hubo una demora del tiempo, asistió a la modesta función de su círculo de arte y se retrató con ellas como recuerdo. Pero, ¿con qué cara Sol Mi podía ponerse sin vacilación en aquel lugar de honor?
  Por eso, ella estaba titubeando detrás de otras compañeras, pero, inesperadamente el Comandante Supremo la llamó a su lado.
  Él dio ligeras palmadas a las espaldas de ella que tenía la cabeza agachada y dijo:
  'En la función artística ofrecida hace poco ella mostró su elevado nivel de ejecución. Cantó bien tocando con habilidad el acordeón y hasta la guitarra. Sin duda alguna, es el tesoro de la compañía.'
   Luego le preguntó cuándo aprendió la música, quién le enseñó a tocar los instrumentos musicales y cómo fueron las notas de otras asignaturas...
  Podrás conjeturar qué respuestas le dio Sol Mi.
  Ella le confesó francamente que había alejado otras asignaturas, dedicándose sólo a la música desde el curso primario, no se había familiarizado, por tanto, con la matemática en el curso secundario, y como consecuencia, no pudo calcular a tiempo hasta los índices de tiro en el entrenamiento de ese día.
  'Entonces, desde que estudiabas en la escuela primaria...'
  El Comandante Supremo quedó pensativo un rato, diciéndoselo repetidas veces y le preguntó por la esperanza futura..."
  Han Chol Myong interrumpió aquí su relato. Al parecer, estaba tan conmovido que aflojó el lazo de la corbata y dio un largo suspiro.
  Yo, impaciente, le apresuré a continuar.
  "Entonces, ¿cómo respondió ella?"
  De súbito, refulgieron extrañamente los dos ojos de Han Chol Myong.
  "No le pudo responder nada."
  Sentí que se desmoronara algo en el pecho. Al mismo tiempo, múltiples sospechas surgieron de repente, haciéndome tener un nudo en la garganta.
  "Eso... ¿por qué?"
  Chol Myong meneó pesadamente la cabeza que se veía engrandecida más que nunca.
  Era ambigua hasta su expresión facial, como si no supiera su razón de verdad o fingiera ignorarlo.
  "Pregúntale tú mismo. No quiso decírmelo más."
  Envuelto en gran impacto, yo permanecí meditabundo bastante rato aún después de haberme despedido de Chol Myong. Luego pasé a la habitación contigua. Si Sol Mi conocía ya a mi madre, ésta también la conocería.
  La habitación estaba vacía. En la mesita estaba colocado un voluminoso libro abierto y encima de él, el espejuelo de mi madre.
  Al echarle inadvertidamente un vistazo, no era una novela, sino un libro de teorías deportivas. Desde hace tiempo, mi madre traía prestados o adquiría en cantidades los libros de varios dominios, muy distantes a la música, y los leía en tiempos ociosos.
  Me advertí de este hecho, hace unos días.
  Hoy también, en un rincón de la mesita estaban apilados varios libros que seguramente ella adquirió últimamente.
  Sentado en la butaca y lleno de curiosidad, empecé a leer superficialmente sus títulos y contenido. Eran libros de referencia de matemática y medicina, revistas literarias y hasta folletos extranjeros.
  Al apartarlos a un lado, vi un cuaderno con la cubierta de color verde. Comencé a hojearlo, cuando cayeron a la mesita varias hojas que estaban metidas adentro. Al recogerlas inconscientemente, me asusté.
  No era sino una carta.
  "Respetable maestra, ¿cómo se encuentra? Discúlpeme a esta discípula insensata por no haberle escrito ni una vez la carta, después de graduarme. Soy Kim Sol Mi a quien Vd. amó y enseñó mucho en la época del estudio primario."
  Era la misiva enviada por Sol Mi hace varios años.
  ¿Con qué motivo ella la escribió a la maestra de escuela primaria de quien se olvidaba siquiera de preguntar por su salud?
  Leí las letras escritas con esmero, como si las devorara.
  "Según dicen, otros colegas envían a sus escuelas las gratas noticias sobre su orgullo y méritos, pero me da vergüenza hablar de mí a usted y a la escuela. Pese a ello, con el deseo de darle a conocer sin falta un hecho, hago llegarle este mensaje a usted, maestra, por intermedio de mis padres, porque no sé el paradero de usted.
  Maestra, hace días, tuve el honor de reunirme de cerca con el estimado Comandante Supremo, quien vino a mi compañía..."
  La carta narraba la historia que me contó Han Chol Myong. La detonación de cañón tardía, la columna de agua levantada, las militares impacientes pateando...
  Sol Mi no tuvo ánimo de contestar a la pregunta del estimado Comandante Supremo, quien le preguntó por su esperanza futura.