Novela corta "3 años, 30 años" (15)
"Maestra, yo deseaba dedicarme a los entrenamientos de maestría artística, más que resolver problemas de matemática aún en la escuela secundaria, considerándome como una filarmónica innata. Por tanto, al verme imposibilitada estudiar en el instituto superior, no pude pensar más en otra esperanza.Entonces, ¿qué respuesta pude dar al padre Mariscal? Al verme callar bastante rato, mordiendo sólo los labios, él me preguntó:
'¿Acaso achacas ahora la culpa a los maestros?'
Al parecer, él me lo preguntaba leyendo mi corazón. Por eso, le dije con precipitación.
'No. Los maestros fueron todos de buen corazón.'
El padre Mariscal asintió afirmando con voz queda:
'Claro. Los maestros se dedican realmente al oficio no fácil. Ellos se sienten siempre insuficientes de lo que hacen, aun dedicando todo lo suyo. Es porque la facultad y los esfuerzos abnegados del educador se evalúan en sentido auténtico no por la actualidad, sino por el futuro que viene de lejos.'
Yo no pude levantar la cabeza.
El padre Mariscal se dirigió hacia los comandantes que le acompañaban.
'Compañeros, me percato aquí también profundamente de que la construcción de la potencia educacional que ahora proyectamos y pretendemos ejecutar, ha de encaminarse, antes que nada, a afianzar su raigambre. Naturalmente vale mucho llevar la educación superior al nivel mundial. Pero, antes que nada, es preciso dar cambio cualitativo a la enseñanza básica, sobre todo, desde la etapa de la escuela primaria y el jardín de infancia. Es lo mismo que si se comienza mal en abrochar, tampoco se abotona bien hasta el último. ¿Quién ayuda a introducir el primer botón en el ojal?'
El padre Mariscal se volvió de nuevo hacia mí.
Y mirando con cariño mi rostro mojado ya por las lágrimas, continuó.
'No quiero preguntar por esa responsabilidad a la maestra de esta compañera. Según me dijo, aquella educadora tenía la aspiración clara y la pasión, pero, lastimosamente estaba limitada en su cualidad y capacidad profesionales. Por eso, cada vez que se me ofrece la oportunidad, digo que la cualidad del maestro implica la de la educación y la revolución educacional es precisamente la de pedagogos.'
A continuación, el Comandante Supremo me dijo, dando ligeras palmadas a mi espalda.
'No importa, aunque no me contestaste hoy. Vamos encontrar juntos su respuesta. Estoy seguro de que tú serás una persona que busques y hagas sin falta grandes labores en aras de la patria y el futuro de la patria.'
Maestra, rescaté ese día la esperanza perdida. Leyendo en la vista del Comandante Supremo llena de confianza, me di clara cuenta de qué puedo y debo hacer.
Si me quedo licenciada del servicio militar, me dedicaré a la enseñanza como usted. Me esforzaré 10 o 100 veces más que otros para ser sin falta mejor maestra. De ese modo, defenderé el puesto docente que usted renunció."
Se me escaparon las hojas de la carta de mis manos.
El orgullo de la vida no se calcula sólo por las creaciones hechas en su generación o el honor adquirido.
¡Cuánto se avienen bien los vocablos tan grandes y sublimes como "la patria" y "el porvenir" a la sencilla esperanza de Sol Mi! En comparación con ella, el ideal y aspiración que yo abrigaba, era al parecer, una ilusión de un niño ingenuo.
Recogí la carta caída sobre la mesita y traté de encajarla en el libro, pero, detuve mis manos.
Vi los nombres desconocidos y sencillos datos biográficos anotados en cada página.
Comprendí sin dificultad que aquellas notas concretas o simples eran el pasado y el presente de los escolares de los que mi madre se había encargado.
"Kim Song Chan: Ingresado en el Instituto Superior de Arquitectura. Graduado con notas buenas. No salió excelente en asignaturas de matemática aplicada, mecánica arquitectónica...
Ahora es investigador del Instituto de Diseño Arquitectónico en la Dirección General de Diseños. Participó en la proyección del Reparto Ryomyong.
Es afanoso en su trabajo, pero no ha logrado aún éxito elevado. Se le falta la capacidad mental tridimensional. Es esquemático en el tratamiento y uso del espacio. ¿Medidas para superarlos...?"
"Rim Chol: Está en servicio militar. Me llegaron dos cartas de reconocimiento. Averiguarlo más."
"Hwang Ryon Hui: Actual futbolista del equipo 'Naegohyang'. El entrenador está satisfecho de ella por ser delantera con alta velocidad momentánea y ágil capacidad de manejo del balón. Única acordeonista del equipo. Dicen que hace dos semanas, hubo riña entre ella y sus colegas de la misma habitación. Según el entrenador, ello se debió a que sus amigas se burlaron de su mala escritura en la libreta de canciones que ella llevaba. La culpa es mía por entero..."
Sin poder leer más, cerré el libro. Sentí ardor en el corazón.
Lo anotado en el papel fueron, antes de ser los rastros de los discípulos que se fueron de su regazo hace mucho tiempo, las huellas que la anterior educadora dejaba pisando sus talones, con angustia.
El mensaje de Sol Mi le habría dado gran impacto a mi madre que pensaba que no había faltado a la conciencia de educadora con solo renunciar su oficio de maestra.
Y, al cabo de profundas meditaciones, habría optado por el largo viaje de penitencia en busca de las manchas de su error que ejercerían de modo inadvertido las influencias sobre el crecimiento de sus discípulos.
¡Ah, madre...!