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Novela corta "3 años, 30 años" (16)
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  Al día siguiente me dirigí muy temprano hacia el Instituto Superior.
  Aunque me resultara un poco embarazoso, era cierto que tuve deseo de encontrarme cuanto antes con Sol Mi.
  Estaba dispuesto a hablarle todo lo que debía confesar y no vacilar en pedirle hasta el perdón si ella lo deseara.
  Ya me daba la gana de brindar sincera ayuda a Sol Mi y a otros colegas de mi aula, e incluso, recibir con gusto la asistencia de ellos.
  "¡Compañeros, unamos la fuerza para hacer de nuestra clase la de excelentes!"
  Dibujé ante mi vista mi imagen de exhortar así a mis condiscípulos contemplando de cerca el nuevo edificio escolar, levantado como un maravilloso cuadro.
  Jamás puedo olvidar este día iniciado de esa manera.
  Si no fueran Sol Mi, Chol Myong y otros condiscípulos, yo me habría arrepentido en toda mi vida.
  ¡Gracias, queridos condiscípulos!
  Precisamente ese día el estimado padre Mariscal Kim Jong Un recorrió nuestro Instituto Superior de Maestros de Pyongyang recién edificado. Recorrió durante largo tiempo varios puntos del colegio y manifestó su gran satisfacción.
  ¡Instituto Superior al que nuestro Partido aprecia más!
  Esto fue la alta valoración y gran confianza que él proporcionó a nuestra institución docente.
  El atajo dirigido hacia la potencia de técnicos, la de educación se inicia precisamente de aquí.
  Se determina hasta el éxito o fracaso de la enseñanza de las nuevas generaciones, precisamente aquí, en este plantel...
  Ocurrió cuando el estimado padre Mariscal llegó a la piscina.
  "Estimado Mariscal, entre los estudiantes se encuentran hasta las anteriores soldados con quienes usted se encontró y se retrató como recuerdo. Puesto que todas son oriundas de la artillería de costa, hasta los varones no las vencen en la disciplina de la natación."
  Le dijo la rectora con tono orgulloso. El padre Mariscal detuvo sus pasos y su rostro se puso más radiante por la alegría.
  "¿Verdad? ¡Es cosa realmente aplaudible!"
  Como si se recordara a las jóvenes soldados a quienes se había encontrado en medio de su inspección sobre el frente, él dirigió un rato su mirada retrospectiva a un punto del espacioso techo de la piscina, rematado en forma de las curvas de olas.
  El mar ondulante, soldados que pateaban... Se veía entre ellas hasta el rostro redondo de Sol Mi.
 "¿Estudian bien ellas?"
  "Sí. Son altas las notas de estudio de ellas."
  Por fin, el padre Mariscal comenzó a dar los pasos.
  "Me tranquiliza oírlo. Todas ellas son excelentes. Pero, rectora, las auténticas notas del estudiantado del Instituto Superior de Maestros no las califica el hoy sino el futuro que viene."
  Él se detuvo de nuevo y recorrió con la mirada a los funcionarios acompañantes.
  Entre ellos se encontraban incluso el veterano cuadro partidistas y el alto oficial.
  Otrora, ellos habrían aprendido a leer lo que escribía la maestra en la pizarra de un aula de la escuela primaria, imaginando propio porvenir.
  "Como he recalcado en la anterior Conferencia de la Organización de Niños, aquellos niños serán inevitablemente el armazón de nuestra revolución, trabajando conmigo como ustedes, después de unos 30 años.
  Entonces, acudiré a ver a ellos que desempeñan ya gran papel en bien del país, y preguntar quiénes les habían enseñado en el curso primario.
  Me alegraría mucho si ellos me dicen el nombre de las graduadas de este Instituto Superior de Maestros de Pyongyang. Esto es mi ideal sobre esta institución docente."