Dos certificados de invención
Fue un técnico que, en vísperas de la jubilación, recibió uno de ellos al haber realizado una valiosa invención que contribuyó a la producción normal de la empresa donde trabajaba.
Y el año pasado en que se retiró del trabajo, recibió uno más, asombrando a la gente.
El corresponsal de la Voz de Corea le preguntó cómo pudo realizar la invención aún después de haber dejado de trabajar por la vejez y él respondió:
"Durante decenas de años, yo consideraba que me bastaba cumplir bien con honestidad la tarea que me incumbía. Pero, un día los cuadros de la fábrica me incorporaron al sistema de estudio sin abandono del trabajo, diciéndome que ello es preciso para realizar más trabajos. Estudié con aplicación convertiéndome luego en un digno técnico de la fábrica."
Cuando el anciano Kwon se acercaba a la edad de jubilación, en la planta se entabló una discusión seria; comprar del extranjero una moderna máquina altamente productiva o fabricarla por propia cuenta.
Aunque tenía ya la edad muy avanzada, él hizo tesoneros esfuerzos, con el deseo de contribuir sin falta a la producción normal de la fábrica y, al fin, logró hacerla conforme a la realidad nacional.
Aun después de jubilado, no cesó de investigar, con la dignidad y orgullo del inventor.
En ese proceso, tuvo la decisión de fabricar una máquina más rentable que la anterior hecha por él y la alcanzó al cabo de la afanosa investigación y empeños.
De este modo, él obtuvo de nuevo el certificado de invención a la edad sesentona.
Estos certificados muestran que si cualquiera hace tesoneros esfuerzos con el alma patriótica, puede hacer aporte al enriquecimiento y prosperidad de la Patria.
