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Afectuoso padre del pueblo
  "Hay que recoger hasta la estrella del cielo y hacer florecer incluso en la piedra si lo desea el pueblo." Esto era la concepción que el gran General Kim Jong Il tuvo de modo invariable en su vida.
  Fue él quien realizó ininterrumpido viaje a las masas populares, considerando el sufrimiento para éstas como inmensa dicha y placer, y tomó la demanda y los intereses de ellas como el punto de partida o la única norma de toda su meditación y actividades.

 

  Lo atestiguan los emocionantes episodios de que él hizo mudar a otro el solar de una importante fábrica, en atención a la molestia en la vida popular, y levantar las viviendas antes que la central hidroeléctrica, diciendo que la tranquila vida poblacional en la zona anegada era más importante que la obtención de decenas de miles de kilovatios de electricidad.
  Ofrecer al pueblo la vida dichosa sin envidiar a nadie era su mayor deseo.


 
  Por eso, él no cesó la visita de trabajo en bien del pueblo en todo el período de su dirección sobre la revolución coreana.
  En una ocasión, él afirmó:
  "Nuestra vida no es sino hacer todo lo que esté al alcance para el florecimiento y desarrollo de la patria y la felicidad del pueblo.
  Me abnegaré aún más para hacer holgada la vida de nuestro pueblo, el más magnífico del mundo."
  Él hizo incansables desvelos, con tal noble concepción de la vida. Bajo su enérgica conducción, surgieron en esta tierra innumerables creaciones monumentales, dando viraje a la mejora de la vida popular.

 

  Hoy reina en todo el territorio nacional la intensa añoranza por él, afectuoso padre del pueblo.