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17 años conduciendo el trolebús
  A las 5 horas, cuando todo el mundo está aún en sueño, los conductores de trolebús de la capital Pyongyang inician su primer tránsito.
  Entre esos madrugadores, se encuentra también Kim Kwang Chun, chófer del trolebús n.° 153 que cumple la circulación por la ruta entre la Estación Ferroviaria de Pyongyang y el barrio Ryonmot.

 

  Él de 44 años de edad viene trabajando en la Empresa de Trolebús de Ryonmot desde 2009.
  Considera su vehículo como el más orgulloso y tiene excepcional apego a su empleo.
  No lo tenía desde el comienzo de su trabajo.
  En 2018, a casi 10 años de su servicio como conductor, el estimado camarada Kim Jong Un dirigió dos veces la circulación de prueba del trolebús recién fabricado. Le conmovió sobremanera la noticia de que él había probado a viajar en trolebús, en la noche fría del invierno y exponiéndose al sofocante calor canicular.
  Le parecía que estuvieran presentes también en su vehículo las huellas de abnegación y desvelos del estimado camarada Kim Jong Un para asegurar al pueblo la comodidad del tránsito.
  Desde entonces, él comenzó a cuidarlo con más esmero e hizo activos esfuerzos por ofrecer comodidad a los viajeros, gracias a lo cual se hizo innovador laboral.
  En septiembre del año pasado fue invitado a las festividades del 77° aniversario de la fundación de la República, junto con otros innovadores laborales y ameritados de todo el país.
  En esa ocasión tuvo el honor de retratarse como recuerdo junto con el estimado camarada Kim Jong Un, con el palacio nacional de los congresos en su fondo. Ello es un gran deseo para el pueblo coreano.
  Aquel día inolvidable, Kim Kwang Chun no pudo conciliar el sueño hasta altas horas de la noche.
  Desde el día siguiente, él se encargó voluntariamente del turno de la madrugada, empezando de modo invariable la circulación a las 5 horas.
  Dicen que ese turno es el más dificultoso para los conductores del trolebús. Por eso, no es fácil encargárselo cotidianamente.
  Pero, Kim Kwang Chun inició antes que nadie la circulación, con la seguridad de que ello contribuía al éxito laboral cotidiano de los capitalinos.
  Él dijo que aunque hubo momentos difíciles de vencer, la alegre sonrisa que los clientes dibujaban en sus rostros, le hacía sentir orgullo y dignidad de trabajar como conductor del trolebús.
  Esta afirmación suya deja ver su limpia conciencia y sinceridad.